Cómo tener buenas ideas

Las buenas ideas pueden llegar solas, de repente, como esa bombilla que se enciende encima de tu cabeza. Otras veces, las buenas ideas se gestan, se mastican, se remueven hasta que al fin cogen la forma perfecta para ti. No existe una fórmula mágica para que las buenas ideas surjan súbitamente en tu mente pero sí hay maneras de favorecer su aparición y sobretodo, para distinguirlas de las malas ideas.

como tener buenas ideas

“Alguien me preguntó de dónde sacaba mis buenas ideas, explicándome que a él le llevaba un mes o dos tener una y que a mí parecía irme mejor. Le pregunté cuántas ideas malas había tenido en el último mes. Hizo una pausa y respondió: ninguna”

Esta frase de Seth Godin quiere decir que lo principal es tener ideas: dos, diez, veinte, cincuenta, ¡las que sean! Luego ya llegará el momento de hacer una criba y separar el grano de lo paja. Lo principal es que haya movimiento en tu cabeza.

¿Cómo se hacen las ideas?

Aunque creas que las ideas son como una nubecita genial que aparece sin más en tu mente, esto en realidad no es así. Las ideas surgen de los conocimientos que ya tenemos y de las nuevas conexiones que hacemos entre ellos.

Imagina que estás cocinando: tienes tres ingredientes que ya conoces y que siempre usas de la misma manera: los asas al horno. Pero un buen día, decides que en lugar de eso, vas a asar uno y con los otros dos vas a hacer una salsa. Voilà! Una receta nueva con elementos que ya conocías de antes. ¿Me sigues? 😉

Esto nos lleva al siguiente factor: la experiencia. Cuanta más experiencia tengamos, más fácil será que hagamos nuevas conexiones. Siguiendo el ejemplo anterior, si ya hemos usado alguno de esos ingredientes en otra receta, será más fácil cocinarlos para nuestro nuevo experimento culinario.

Por último, el tercer elemento es la creatividad. Cuanto más creativos seamos, más conexiones distintas se nos ocurrirán y por lo tanto, nacerán más ideas que pueden llegar a funcionar muy bien. Que se lo pregunten a los chefs de la nueva cocina fusiòn y a los millones que facturan en sus restaurantes.

Muchas ideas malas es igual a muchas ideas buenas

Tus conocimientos, tu experiencia y tu creatividad son las que te llevarán a tener ideas, muchas ideas, buenas y malas. En este momento inicial no tiene que preocuparte la calidad de las ideas: tan sólo acumúlalas y utiliza tus recursos para generar más. Y si la mayoría de ellas resultan ser tontas o absurdas, no te deprimas: piensa que cuantas más ideas tengas, más probabilidades tienes de que surja alguna que sea buena. Recuerda el concepto “brainstorming” 😉

Crea un entorno seguro

Uno de los mayores enemigos de las buenas ideas -o de las ideas en general- es el miedo a ser criticado. Seguro que sabes de lo que estoy hablando porque nos ha pasado y nos pasa a todos, especialmente cuando tenemos una idea que parece salirse de los cauces normales y que puede resultar demasiado rompedora.

No deseches una idea a la primera y permítete el lujo de dejar salir todo lo que te venga a la cabeza, sea lo que sea. Hazlo, estás solo, nadie puede saber qué piensas o qué estás apuntando. No anticipes reacciones ni críticas externas, tan sólo permite que tu cabeza trabaje y genere ideas.

Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como

Explota tus experiencias para generar buenas ideas. Cuando te sientes a escribir, piensa en qué te molesta especialmente, en qué necesitas saber, en qué app te está resultando tremendamente útil, en lo que aprendiste en un curso reciente… Verás como se te ocurren decenas de temas sobre los que escribir.


¿De dónde crees que ha surgido la idea de hacer este post (que aún no sé si ha sido una buena idea o no 😛 )? De la frustración de sentarme como cada domingo a planificar los contenidos de la semana y no tener ninguna ocurrencia. Paradójicamente, del hecho de no tener buenas ideas ha surgido una buena idea, o al menos creo que lo ha sido.

Reconoce las buenas ideas

Bien, ya tienes un montón de ideas sobre la mesa. Ahora viene la parte difícil: distinguir las buenas ideas de las malas. Como decía al principio, no existe una fórmula mágica e infalible para esto pero sí existen algunos trucos que puedes usar a modo de pista.

¿Cuánto te apasiona la idea?

La pasión es un filtro, sin duda. Tú mismo vas a notar qué ideas son las que estás deseando poner en marcha y cuáles crees que pueden esperar. Incluso quizá te des cuenta de que algunas ideas te dan pereza y en cambio por otras no te importa perder horas de sueño. Escúchate a ti mismo, pocas veces vas a fallar, ya lo verás.

Espera antes de desechar una idea

Obviamente no podrás sacar adelante todas las ideas que te gustan y te apasionan por simples cuestiones prácticas, Tienes que ser realista y aunque haya ideas que te apasionen, detrás de este fervor siempre tiene que haber una reflexión sobre las probabilidades que tienes de sacarlas adelante en este momento. Se trata de sentido común, nada más.

Sin embargo, eso no quiere decir que deseches esa idea para siempre. Tan sólo déjala a un lado, que madure, que respire. Quizá no sea el momento pero en el futuro, seguramente puedas retomarla e incluso con un punto de vista nuevo y mejorado.

Herramientas para gestionar tus buenas ideas

Bien, ya has hecho una selección de buenas ideas y ahora, ¡que no se te olviden! La herramienta básica es una libreta y un bolígrafo (seguro que tú también llevas encima siempre papel y bolígrafo para casos de urgencia) pero existen herramientas digitales que también te pueden ayudar.

  • Almacenar ideas: Wunderlist, Evernote y Fetchnotes
  • Compartir ideas: Slack y Trello

Existen muchas más y tu elección dependerá simplemente de aquella que mejor cumpla con tus preferencias. En lo personal y por experiencia, me quedo con Evernote y su sistema de libretas y etiquetas y con Slack, herramienta que he descubierto hace relativamente poco y que resulta muy útil para compartir ideas con tu equipo. La creación de canales temáticos y el poder compartir archivos permite que las ideas fluyan con facilidad y desde cualquier lugar.

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Soy una chica multitarea: redactora, Community Manager, guía turística y además, historiadora. Curiosa y autodidacta por definición, jamás me quedo con una duda: busco y busco hasta que me quedo satisfecha. Puedes encontrarme también en Céltica Hispana, donde desarrollo mi faceta de historiadora hablando sobre los celtas de la Península Ibérica.

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